
Me fijé que el árbol, un almendro, tenía en el tronco una enorme lágrima amarilla, brillante. Era un grumo, una hermosa bola de resina y, como el ámbar, era transparente, translúcida. Y pensé: bonita palabra, ámbar, y así, dándole al ámbar me encontré con el tiempo, y se me ocurrió que podía ser el tema de mi próximo programa. Y lo ofrezco como un regalito para los que cumplan años estos días, especialmente para aquel que cumple 50, una edad que está tan de moda celebrar actualmente. FELIZ CINCUENTENARIO:
Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa
Y aunque otros olviden tus festejos
Las noches sin amor quedaron lejos
y lejos el pesar que desalienta
Tu edad de otras edades se alimenta